Introducción
Cuando se habla de una planta de clasificación de residuos sólidos urbanos (RSU), una de las primeras dudas que aparece es muy sencilla, pero al mismo tiempo decisiva:
¿Qué tan grande debe ser la planta para que funcione bien hoy y también en los próximos años?
Responder a esta pregunta no requiere ser ingeniero ni manejar términos complejos. Lo que se necesita es ordenar la información correcta, entender algunos conceptos básicos y seguir una lógica clara.
Este blog está pensado precisamente para eso: explicar de forma simple cómo calcular la capacidad de una planta de clasificación, para que cualquier persona involucrada en la toma de decisiones pueda comprenderlo y usarlo como base para avanzar hacia un proyecto real.
Empecemos por lo esencial:
¿Qué significa “capacidad” de una planta?
Cuando hablamos de capacidad, no estamos hablando del tamaño del galpón ni de cuántas máquinas tendrá la planta.
La capacidad se refiere a algo mucho más concreto:
“La cantidad de residuos que la planta puede procesar sin saturarse ni generar acumulaciones.”
Normalmente se expresa como:
- Toneladas por día (t/día)
- Toneladas por hora (t/h)
Para entenderlo mejor, pensemos en algo cotidiano:
Si llegan más residuos de los que la planta puede procesar, se acumulan, aparecen retrasos y el sistema deja de funcionar bien.
Si la planta es demasiado grande para la cantidad de residuos que recibe, se invierte más dinero del necesario y mantenerla se vuelve costoso.
Por eso, acertar con la capacidad es clave.

Primer paso
¿Cuántos residuos se generan?
Todo comienza con una pregunta muy simple:
Para responderla, se usan dos datos básicos:
- Cuántas personas generan residuos.
- Cuánto genera, en promedio, cada persona por día.
Como referencia general:
- En zonas pequeñas o menos densas: 0,5 a 0,7 kg por persona al día.
- En ciudades intermedias: 0,7 a 0,9 kg por persona al día.
- En ciudades grandes: 0,9 a 1,2 kg por persona al día.
No es un número exacto, pero sirve muy bien para hacer una estimación inicial confiable.
Ejemplo simple:
- Personas atendidas: 200.000
- Generación promedio: 0,75 kg/persona·día
Cálculo:
- 200.000 × 0,75 = 150.000 kg/día
- 150 toneladas por día
Ese es el total de residuos que se generan diariamente.

3. Segundo paso:
No todo va a la planta (y eso es importante)
Ahora viene algo clave que muchas veces se pasa por alto:
No todos los residuos generados llegan a la planta de clasificación.
Algunos se desvían, otros no se recolectan el mismo día, y en algunos casos una parte se separa antes.
En escenarios habituales:
- Entre el 70 % y el 90 % de los residuos terminan llegando a la planta
Siguiendo el ejemplo
- Residuos generados: 150 t/día.
- Residuos que llegan a la planta (80 %): 150 × 0,8 = 120 t/día.
Este número es el que realmente importa para calcular la capacidad.
Tercer paso:
¿Cuántas horas al día puede trabajar la planta?
Aquí no se trata de lo ideal, sino de lo realista.
En muchos casos, una planta trabaja:
- 8 horas al día
- 1 turno
Esto facilita la operación, el mantenimiento y la organización del personal.
Entonces ya tenemos:
- Residuos a procesar: 120 t/día.
- Horas de operación: 8 h/día.
Cuarto paso:
El cálculo más sencillo de todos
Ahora viene la parte más fácil:
- Capacidad por hora = toneladas por día ÷ horas de trabajo
- 120 ÷ 8 = 15 t/h
Esto significa que, si todo fuera perfecto, la planta debería poder procesar 15 toneladas por hora.
Pero en la realidad, nada es perfecto.
Quinto paso:
Dejar espacio para crecer (muy importante)
En la práctica:
- Hay días con más residuos.
- Hay épocas del año con picos.
- La población crece.
- La recolección mejora con el tiempo.
- Las máquinas necesitan mantenimiento.
Por eso, nunca se diseña una planta exactamente al número justo.
Siempre se agrega un margen de seguridad.
Aplicando el margen
- 15 t/h × 1,25 = 18,75 t/h
Redondeando, se puede decir con claridad:
- La planta debería tener una capacidad cercana a 20 toneladas por hora.
Y listo. Ya se tiene un número claro y entendible.
¿Qué significa ese número en la vida real?
Cuando se dice que una planta debe ser de 20 t/h, eso permite entender muchas cosas:
- Qué tipo de tecnología se necesita.
- Cuántas líneas de clasificación harán falta.
- Qué tan grande debe ser la infraestructura.
- Cuánta gente trabajará en la planta.
- Cuánto puede costar construirla y operarla.
- Este número se convierte en la base de todo el proyecto.
Un factor clave que cambia todo:
La concientización y la separación en origen
Hasta ahora hemos explicado cómo estimar la capacidad de una planta de clasificación partiendo del volumen total de residuos que llegan a la instalación. Sin embargo, existe un elemento que puede modificar de forma significativa ese número y que muchas veces se subestima:
El nivel de concientización de la población y la correcta separación de los residuos en origen.
Cuando los residuos llegan mezclados, la planta debe hacer un esfuerzo mucho mayor para recuperar materiales aprovechables.
Cuando los residuos llegan preclasificados en contenedores separados, la planta puede ser más eficiente, más simple y, en muchos casos, más económica.
Por eso, en proyectos donde se impulsa la separación en origen, el cálculo de capacidad debe ajustarse.
¿Qué significa que el residuo llegue preclasificado?
Significa que, antes de llegar a la planta, las personas separan los residuos en distintos contenedores, por ejemplo:
- Orgánicos.
- Reciclables (plásticos, papel, cartón, metales, vidrio).
- No reciclables.
En este escenario, la planta de clasificación ya no recibe todo el residuo generado, sino únicamente la fracción que realmente puede y debe ser clasificada.
Esto cambia completamente el enfoque del cálculo.
¿Qué porcentaje de los residuos es realmente clasificable?
En términos generales, la composición típica de los residuos urbanos es:
- Orgánicos: 45 % a 60 %.
- Reciclables potenciales (plásticos, papel, cartón, metales, vidrio): 30 % a 40 %.
- No aprovechables: 5 % a 10 %.
Esto significa que, incluso en el mejor escenario, solo una parte del total generado tiene sentido que pase por una planta de clasificación de reciclables.
Como referencia técnica razonable:
- Fracción potencialmente clasificable: 35 % del total de residuos generados.
Este porcentaje es una base teórica. Lo que realmente llegará a la planta dependerá del nivel de concientización de la población.
El factor decisivo:
Nivel de concientización de la población
No todas las ciudades logran el mismo nivel de separación en origen. Por eso, es útil introducir un factor variable de concientización, que representa qué tan bien se separan los residuos en la práctica.
Podemos trabajar con tres escenarios simples y realistas:
- Escenario 1 · Concientización baja
- Separación incipiente
- Errores frecuentes en el uso de contenedores
- Alto nivel de contaminación del material reciclable
👉 Aprovechamiento real de reciclables: 40 %
- Escenario 2 · Concientización media
- Campañas activas
- Separación mayoritaria, con errores moderados
- Material reciclable de calidad aceptable
👉 Aprovechamiento real de reciclables: 60 %
- Escenario 3 · Concientización alta
- Separación arraigada en la población
- Uso correcto de contenedores
- Material reciclable limpio y homogéneo
👉 Aprovechamiento real de reciclables: 80 %
Cómo incorporar estos factores al cálculo de capacidad
Veamos cómo estos porcentajes ayudan a obtener un número mucho más realista para una planta donde el material llega preclasificado.
Paso 1: Residuos totales generados
Ejemplo ya visto:
- Residuos generados: 150 t/día
Paso 2: Fracción potencialmente clasificable
- 150 t/día × 35 % = 52,5 t/día
Este es el volumen máximo de residuos que podrían llegar a la planta de clasificación de reciclables.
Paso 3: Ajuste por nivel de concientización
Ahora aplicamos el factor de concientización.
- Concientización baja (40 %)
- 52,5 × 0,40 = 21 t/día
- Concientización media (60 %)
- 52,5 × 0,60 = 31,5 t/día
- Concientización alta (80 %)
- 52,5 × 0,80 = 42 t/día
Este resultado es clave:
No todas las plantas necesitan la misma capacidad, incluso con la misma cantidad de residuos generados, porque el comportamiento de la población cambia completamente el flujo real.
Paso 4: Conversión a capacidad horaria
Suponiendo una operación de 8 horas diarias:
- Concientización baja:
- 21 ÷ 8 ≈ 2,6 t/h
- Concientización media:
- 31,5 ÷ 8 ≈ 4,0 t/h
- Concientización alta:
- 42 ÷ 8 ≈ 5,25 t/h
Aplicando un margen de seguridad del 25 %:
- Baja: ≈ 3,5 t/h
- Media: ≈ 5,0 t/h
- Alta: ≈ 6,5–7 t/h
¿Qué nos dice realmente este cálculo?
Este ejercicio deja algo muy claro:
La capacidad de una planta de clasificación no depende solo de cuántos residuos se generan, sino de cómo la población participa en el proceso.
Una buena separación en origen permite:
- Plantas más pequeñas y eficientes.
- Menor complejidad tecnológica.
- Menores costos operativos.
- Mayor calidad del material recuperado.
- Mejores ingresos por reciclaje
En cambio, una baja concientización obliga a:
- Plantas más grandes.
- Procesos más complejos.
- Mayor rechazo y menor aprovechamiento
Un mensaje clave para tener en cuenta
“La infraestructura por sí sola no resuelve el problema”
La educación ambiental y la separación en origen son parte del sistema, tanto como las cintas, los separadores y los equipos.
Por eso, los proyectos más exitosos combinan:
- Infraestructura bien dimensionada.
- Programas de concientización sostenidos.
- Diseño flexible que permita crecer con el tiempo.
Algo muy importante:
Este cálculo es el comienzo, no el final
Este ejercicio sirve para:
- Entender la necesidad real.
- Evitar suposiciones sin fundamento.
- Tener un criterio claro al avanzar.
Pero no reemplaza:
- Estudios detallados.
- Diseño técnico.
- Selección de equipos.
- Definición del layout.
- Construcción y puesta en marcha.
Es como saber cuántas habitaciones necesita una casa antes de pedir que la construyan.
Entonces
¿Qué se hace con este número?
Una vez que se tiene clara la capacidad necesaria, el siguiente paso natural, es decir:
“Necesitamos una planta de clasificación que procese aproximadamente XX toneladas por hora.”
Con esa información, ya es posible solicitar que:
- Se revise y valide el cálculo.
- Se diseñe la solución adecuada.
- Se construya la planta completa.
- Se entregue funcionando.
Todo bajo un proyecto llave en mano, donde una sola empresa se encarga de todo el proceso.
¿Por qué es mejor avanzar con un proyecto llave en mano?
Porque:
- Se reducen errores y reprocesos.
- Se evitan conflictos entre proveedores.
- Se tiene un solo responsable técnico.
- El resultado final es una planta operativa, no solo planos o equipos.
El cálculo de capacidad es el punto de partida correcto para llegar a eso.
En resumen
Calcular la capacidad de una planta de clasificación:
- No es complicado.
- No requiere conocimientos avanzados.
- Ayuda a tomar mejores decisiones.
- Reduce riesgos futuros.
Solo hay que responder, paso a paso:
- Cuántos residuos se generan.
- Cuántos llegan realmente a la planta.
- Cuántas horas puede operar.
- Dejar un margen para crecer.
Con eso, ya se tiene la base para avanzar con seguridad.
Convirtamos este cálculo en una planta real y operativa
Llegar a un número claro sobre la capacidad que necesita una planta de clasificación de residuos es un paso muy importante. Significa que ya existe una comprensión real del problema y de la solución que se requiere. Sin embargo, ese número por sí solo no construye la planta, ni garantiza que funcione correctamente en el tiempo.
Para que esa capacidad calculada se transforme en una planta eficiente, segura y sostenible, es necesario convertirla en:
- Un diseño bien pensado.
- Una selección correcta de equipos y tecnologías.
- Un layout que evite cuellos de botella.
- Una obra ejecutada con criterio técnico.
- Un sistema que realmente funcione desde el primer día.
El verdadero desafío comienza ahora:
Transformar ese número en una planta que opere con continuidad, aproveche los recursos disponibles y mantenga su desempeño a lo largo del tiempo.
Ahí es donde la experiencia marca la diferencia.
Nuestro equipo cuenta con la capacidad técnica y la trayectoria necesaria para tomar la capacidad que ya has estimado y convertirla en un proyecto llave en mano integral, cuidadosamente diseñado, correctamente ejecutado y entregado en plena operación. Nos ocupamos de todo el proceso: desde la validación técnica inicial hasta la puesta en marcha, asegurando que cada decisión esté alineada con la realidad operativa y los objetivos de largo plazo.
Si ya realizaste el primer paso y tienes una capacidad definida (o si deseas confirmarla con un análisis más profundo), este es el momento de avanzar con respaldo técnico.
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Porque cuando el proyecto se construye sobre experiencia, el resultado no es solo una planta, es una solución que funciona desde el primer día y sigue funcionando con el tiempo.
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